Chocolate

¡Sientate infeliz!

La regla se partió en su brazo y el pedazo sobrante quedó estático en el suelo, en un instante donde todos los niños callaron. Me sobrepuse en cuanto pude, mirando su cara cubierta de lagrimas y volví a ser maestro en el salón de clases, recuperé el control, su extremidad mostraba una franja roja de dolor que evidenció aún mas la delicadeza de su piel.

¿No te dije que no anduvieras parado?… Él mantuvo su mirada, limpia, como la de todos lo niños, sin rencor, como la de aquel que todo lo perdona, y contuvo el llanto no sé como.

¿Que quieres?… Acercó entonces su pequeña mano, me dió un chocolate y me pidió perdón, fue a su lugar y se quedó sentado…

Yo… busqué un nuevo trabajo.

www.alternativaeducativa.df.gob.mx/ponencias/jcalvo3.html

El más valioso de todos los bienes no es la autoridad sino la libertad. El hombre verdaderamente libre solamente quiere lo que puede y hace lo que le place. Sin embargo, se acostumbra en la familia y en la escuela a que el niño se deje guiar, a que no sea otra cosa que una máquina en manos ajenas. Quieren que sea dócil cuando es pequeño y eso es querer que sea crédulo y embaucado cuando sea mayor”: Juan Jacobo Rousseau.

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